martes, 31 de mayo de 2016

La desigualdad de las mujeres de la India

LA INDIA: TERCERA ECONOMÍA DE ASIA, PERO CON MAYOR DESIGUALDAD

Las mujeres son casi la mitad de la población de la India, pero la igualdad de género, tanto en política, economía, educación o salud, sigue siendo un sueño lejano para la mayoría. Ocupan únicamente un porcentaje muy bajo de los escaños parlamentarios, y sólo un cuarto de la población femenina recibe educación secundaria y participa en el mundo laboral. La muerte materna es una de las más altas del mundo, aunque ha descendido levemente el número de embarazos adolescentes. La situación de desigualdad, pobreza y falta de oportunidades hace que en la India el suicidio sea la principal causa de muerte entre las mujeres de menos de 50 años.

Los novios saludan en el atrio
Esta situación no es de extrañar dada a la resistencia al cambio y la arraigada mentalidad patriarcal que imperan en el país. A pesar de las diferentes leyes que reconocen la igualdad de derechos de ambos sexos, existe un 56% de casos de matrimonio precoz en la India rural y un 29% en el área urbana.  El 80% de matrimonios son “concertados” o acordados por los padres de los contrayentes. La mujer es percibida como un bien económico y queda sometida a las decisiones de sus padres, tanto para pactar la edad del matrimonio como para elegir el marido. La esposa pasa a ser dependiente no solo del marido sino también de la suegra y el resto de la familia de su esposo.
Práctica del Sati
A esto se suma que una mujer india es valorada y respetada mientras esté al lado de su marido. Las viudas forman un grupo social marginado y pobre, excluido de manera física, emocional, cultural y religiosa. En algunos casos se ha llegado a extremos como la práctica del Sati o quema de viudas, un acto público en el que la viuda se arrojaba viva a una hoguera en la pira funeraria del difunto marido. Aunque dicha práctica ha sido abolida legalmente en la India, las viudas continúan siendo cruelmente estigmatizadas. Mientras los hombres pueden volverse a casar, para las mujeres es prácticamente imposible, especialmente si son madres. Además, una mujer en el momento en que enviuda pierde todas sus propiedades y derechos. El rechazo social las obliga a identificarse con saris completamente blancos y, en el momento de enviudar, les rapan el pelo y le cambian la señal de la frente. Su sola presencia es considerada un mal augurio.
Una de las causas principales que perpetúan la violencia contra las mujeres es la falta de autonomía y de opciones al alcance de las mujeres maltratadas. Aún así, las barreras culturales y la falta de independencia económica también las frenan a la hora de buscar ayuda. Las mujeres en la India pueden sufrir muchos tipos de maltrato en todas las etapas de su vida que van desde el infanticidio femenino al acoso sexual u otras prácticas tradicionales dañinas como la dote o los matrimonios precoces.
Pero no hay que olvidar que la violencia de género se puede desarrollar en tres contextos: la familia, la comunidad y la consentida por el Estado. En primer lugar, la familia socializa a sus miembros para aceptar y perpetuar unas relaciones de poder desiguales y jerarquizantes. Mientras, la comunidad fomenta y también perpetúa en el tiempo los mecanismos de control y hegemonía masculina sobre las mujeres y su libertad para ser un rol activo y autónomo en la sociedad. Por último, el Estado puede llegar a legitimar algunos derechos de los hombres sobre las mujeres, proporcionando una base jurídica que mantenga su status quo sin posibilidad de cambio. Una enmienda de 1984 a la Ley de Prohibición de Dote de 1961 reconoció esta tradición como una ofensa hacia la mujer y una muestra de sometimiento. Desde los años 60 el Código Penal indio prohíbe cualquier acuerdo monetario para el matrimonio de una hija. En 1984 la segunda enmienda de esta ley introdujo un castigo para el marido o los suegros, en el caso de que la mujer se suicide a los siete años después de la boda si se demuestra que ha sufrido presión por pedir más dote. También se planteó un nuevo delito: la ‘Muerte por Dote ', que ha sido incorporado al Código Penal Indio. A pesar que la dote está prohibida desde 1961, la realidad demuestra que sigue siendo mayoritaria. Existen casos en los que, después de la boda, el marido y su familia demandan más dinero. En algunos casos agreden a las mujeres al no poder asumir esa demanda. Actualmente el índice de muertes por dote se está multiplicando rápidamente y evidencia la falta de efectividad de esta la ley.
El drama de estas mujeres se refleja a la perfección con los diferentes obstáculos a los que se enfrentan en un país en el que son discriminadas incluso antes de nacer. No en vano, la popularización de la tecnología para determinar el sexo de un feto ha hecho que haya quien se gane la vida en las zonas rurales con un equipo de ecografía que lleva de casa en casa, en busca de embarazadas. Si descubren que en el vientre se gesta una niña, muchas mujeres son forzadas a abortar. Se estima que en las últimas tres décadas 12 millones de niñas no han llegado a nacer por esta práctica del feticidio.
La prohibición de revelar el sexo del bebé antes de su nacimiento busca reducir el infanticidio femenino. La regulación para la prevención se inició en 1994; por un lado, todavía se producen abortos selectivos en función del sexo y, además, los infanticidios se cometen durante los primeros días de vida, al descubrir que el bebé es una niña.
En cuanto a la explotación sexual femenina, cada día alrededor de 200 niñas y mujeres son introducidas en el negocio del tráfico ilegal en la India. El 80% de ellas lo hace en contra de su voluntad. La extrema pobreza, el analfabetismo, una prematura viudedad, el desempleo y la falta de recursos económicos para la propia subsistencia empujan, a menudo, a estas mujeres al tráfico ilegal y la prostitución.
Aunque parezca que las violaciones son una plaga que azota la India desde hace pocos años, la realidad es que son las denuncias las que han aumentado. La sociedad india se está concienciando del problema, y el Gobierno comienza, presionado por la opinión pública, a aplicar las leyes de protección a las mujeres. El problema está ligado a la idea patriarcal de que la mujer está subordinada al hombre. La cultura del patriarcado es uno de los motivos por los que se producen tantas violaciones en la India, unido a que la mujer es considerada una reencarnación inferior al hombre. Si el hombre, por “derechos” familiares y religiosos, se considera superior a la mujer, termina viéndola como un objeto sobre el que tiene derecho y al que debe someter. No es una cuestión de sexo, sino de poder y dominación. Y en la India, como en otros países, si el abuso ocurre dentro del núcleo familiar, o no es denunciado o es visto con indulgencia por parte de la policía, ya que el marido tendría “derechos sobre la mujer”. Aunque la cultura india ha evolucionado hacia una sociedad más moderna, con un mayor peso de la mujer en todos los ámbitos -incluida la política -, el machismo propio del patriarcado sigue enraizado en la cultura popular y en la forma de entender los papeles de la mujer y el hombre. Más aún si esa idea de una mujer sometida a los deseos de un padre, un hermano, un marido o un hijo queda perpetuada y normalizada por la industria audiovisual, desde las series de televisión a Bollywood, empeorado por la estructura social en forma de castas, profundamente enraizada. Las mujeres de la casta más baja,  aunque no son las únicas, son las más afectadas por las violaciones, y se producen desde castas superiores para demostrar su poder. No es cuestión de sexo, sino de poder: violaciones múltiples de hombres de castas superiores a una mujer de la casta más inferior, estos ataques se denuncian menos por las propias víctimas, ya por falta de educación o de conciencia de sus derechos, y también reciben menos atención por parte de los policías rurales, ya que son consideradas «impuras». Además, la violencia contra estas mujeres provoca que abandonen (ya por vergüenza social o por miedo, incluso por embarazo) la escuela o su trabajo, con lo que pierden las herramientas para salir de la pobreza a la que su casta las ha condenado.
Los hombres de castas superiores que violaban a estas mujeres generalmente no recibían ningún tipo de sanción, mientras que la mujer resultaba vilipendiada y apartada del respeto social. Además, en las zonas rurales son comunes los tribunales «de sabios» locales, que al margen de las leyes oficiales, aplican juicios en favor del hombre. La inactividad del Gobierno indio era patente, ya que a pesar de contar con numerosas leyes de protección a la mujer, carecía de la fuerza o el interés para aplicarlas, especialmente en estas zonas alejadas de las urbes. Esta sensación de impunidad repercutió en el poder de los hombres sobre las mujeres indias, ya que eran ellas las que temían las consecuencias de denunciar el abuso, no ellos.
Mujeres trabajando en el campo en India.
Crédito Neeta Lal/IPS
Aunque la mayoría de mujeres en la India trabaja y contribuye a la economía de una forma u otra, gran parte de su trabajo es ‘invisible’, ya que no se documenta ni se contabiliza en las estadísticas oficiales, muchas no reciben prestaciones de seguridad ni beneficios laborales, mientras una gran parte carece de contratos laborales escritos. Se estima que el 95% de las mujeres indias trabaja en el sector informal de la economía y su trabajo es inseguro, irregular, invisible y normalmente no está reconocido, sólo pueden encontrar trabajos marginales con salarios bajos y poca o ninguna seguridad laboral. Sin embargo, a pesar de la feminización de la agricultura india y la incorporación de la mujer al mundo laboral, esta no goza de ningún tipo de independencia económica. La mujer india debe entregar a su marido los beneficios obtenidos trabajando para que él los administre a su gusto.
Un ejemplo es Archana Desai, de 35 años, que perdió su empleo en una cadena minorista mundial debido a recortes presupuestarios. Aunque tiene un título de Administración de Empresas, Desai ahora trabaja como profesora a tiempo parcial en una academia de formación donde gana una fracción de su salario anterior: “Aunque técnicamente estoy calificada para ocupar la posición de gerente, me tengo que conformar con algo que no me apasiona. ¿Por qué el gobierno no puede darnos empleos a las mujeres como yo?”, se pregunta.
En todos los aspectos de la vida, incluida la educación, se prioriza a los niños frente a las niñas. Dado que la niña será mantenida por otro hombre, su formación resulta innecesaria y queda relegada a las tareas del hogar. Sin embargo, en las últimas décadas, hubo un aumento de la matrícula femenina en la educación terciaria, y una disminución notable en la disparidad de acceso a la educación.
En cuanto a la salud, la escasa atención sanitaria de las mujeres en la India, sobre todo en las zonas rurales, tiene consecuencias directas sobre su estado. Desde la infancia, una niña está peor alimentada que un niño. Los índices de desnutrición y mortalidad infantil son más frecuentes en el caso de ellas. La mujer trabaja dentro y fuera del hogar, lo que, unido a su déficit nutricional, debilita aún más su salud. 750.000 mujeres tienen el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida en la India. Muchas de ellas son contagiadas por sus propios maridos, que han enfermado tras mantener relaciones extramatrimoniales. El déficit de vitaminas y minerales las hace más susceptibles a desarrollar la enfermedad del SIDA, por lo que se les hace entrega de un suplemento alimenticio con el objetivo es mantener su equilibrio nutricional y proteger su sistema inmunológico.
Debido a la poca participación de la mujer en el mundo de la política, la Constitución reserva cargos para las mujeres en los ayuntamientos. Se considera que al incluir a las mujeres en la jerarquía del poder de las administraciones locales se ha dado el primer paso para garantizar el ejercicio de sus derechos políticos, pero la aplicación de la medida dista del ideal.
Actualmente las cosas están cambiando. La constitución comienza a reconocerles más derechos, como por ejemplo el divorcio. Pero esto sólo es vigente socialmente en las grandes ciudades como ser Delhi o Mumbay y sólo para aquellos con mayores posibilidades económicas. En los sectores rurales las cosas no están nada fáciles. Las nuevas generaciones parecen romper las tradiciones. Existen algunos casos de jóvenes que tienen novio/a a escondidas. Muchos padres les preguntan a sus hijos con quién les gustaría casarse. Si bien el número de mujeres en política es bajo, cada vez hay más (actualmente cerca de un 10% del parlamento), y también hay cada vez más mujeres profesionales o en las fuerzas armadas.
El cambio parece traer más libertades, más derechos y posibilidades a las mujeres. Ahora las mujeres comienzan a vestirse con pantalones,  camisetas y a usar zapatillas. Los saris (atuendo habitual) solo parecen quedar para las viejas generaciones o para aquellas familias más tradicionales. Por fin, tiempos de cambios, aunque sea a pequeños pasitos.
Suerte, hermanas indias, desde aquí todo nuestro apoyo.







“Hace años que estamos al fondo de la pirámide de la equidad de género. ¿Qué hay de nuevo?”, cuestionó Naranjera Kumari, directora del Centro de Investigación Social, una organización sin fines de lucro con sede en Nueva Delhi, y antigua líder feminista en la India-. “Aunque ahora la agenda de género tiene mayor visibilidad en la India, ese impulso positivo no se expresó en una mayor inversión para las mujeres en los diferentes sectores, debido a la continua discriminación y las leyes y políticas ineficaces”.
Naranjera Kumari señala que uno de los instrumentos fundamentales para el cambio, el proyecto de ley de Cuotas para la Mujer, que pretende otorgar 33% de los escaños legislativos a las mujeres, aún no fue aprobado por la cámara alta, aunque la cámara baja lo aprobó en el 2010.
“Hasta que se aborde este requisito básico las mujeres indias no lograrán ejercer realmente el control sobre sus vidas”, subrayó la activista.
“La clave para lograr la paridad de género son los recursos. Necesitamos presupuesto que se asigne y se gaste efectivamente en el logro de estos objetivos con perspectiva de género”, propone Ranjana Kumari.






Exitosa rebelión de trabajadoras del té en India
Marcha de protesta de las trabajadoras del té por salarios más
altos y contra la dominación masculina en la política
sindical en Munnar, en el sur del estado indio de Kerala.
Crédito: K.S. Harikrishnan / IPS18 nov 2015

Lissie Sunny no era un nombre conocido en India. Pero eso cambió cuando esta mujer, que trabaja desde hace más de 25 años arrancando hojas de té en las laderas montañosas del sur de este país, se cansó y arremetió contra una de las compañías de té más poderosas del mundo.
La delgada Sunny, de 47 años y trabajadora de la localidad de Munnar, en el austral estado de Kerala, realizó junto a 6.000 compañeras más varias manifestaciones por sus derechos y contra la explotación que aseguran haber sufrido durante años.
La política sindical nacional, dominada históricamente por dirigentes varones que excluían a las mujeres, estaba a punto de cambiar.
Sunny lideró las semanas de protestas en las plantaciones Kanan Devan Hills, controladas por la empresa trasnacional india Tata, donde las jornaleras no solo enfrentaban la represión ante el creciente malestar por la explotación sufrida sino también la discriminación de género en el sector del té en general.
Sunny ayudó a formar la organización de trabajadoras Unidad de la Mujer, más conocida como Pompilai Orumai (PO), que incluso se presentó a las elecciones locales a principios de este mes y ganó tres escaños. Tras los comicios, la líder fue elegida formalmente como presidenta de PO.
Aunque la extraordinaria rebelión de las mujeres de Munnar inicialmente se dirigió contra la decisión del sindicato de reducir la bonificación anual que reciben las recolectoras de té, la revuelta tiene raíces más profundas.
“Los sindicatos han estado engañando a los trabajadores durante generaciones. Tienen un arreglo mutuo con los jerarcas de la compañía del té. Los dirigentes (sindicales) llevan una vida extravagante. Reciben casas de la compañía en las que viven de manera gratuita. Sus hijos obtienen una buena educación y empleos gracias a los dueños de las plantaciones”, denunció Sunny.
La industria del té, que utiliza mucha mano de obra, es notoria por los salarios bajos y las condiciones de explotación. Los trabajadores reciben menos de 3,50 dólares por jornada de trabajo, que se extiende desde las ocho de la mañana hasta el anochecer.
“Eso es la mitad de lo que recibe un obrero asalariado en Kerala. Las trabajadoras viven en condiciones infrahumanas, duermen en chozas de una sola cama, sin aseos ni otros servicios básicos “, explicó a IPS.
Las trabajadoras acusan a los dirigentes sindicales de ignorar los derechos y beneficios de las mujeres, mientras se aseguran buenos empleos y beneficios financieros para sus familiares y dependientes.
Meenu Ammal, una trabajador analfabeta, afirma que una mafia sindical controla las plantaciones de té y recibe grandes cantidades de dinero de los propietarios.
“La mayoría de los trabajadores varones hacen un mal uso de sus ingresos sin tener en cuenta la educación de los niños y las necesidades médicas de sus familias. Los sindicatos no han hecho nada para impedir que los hombres beban alcohol”, sostuvo.
“Además, los dirigentes siempre se las arreglan para mantener sus puestos de trabajo cuando algunos propietarios abandonaron sus plantaciones tras el colapso de los precios del té hace unos años”, destacó.
Activistas de derechos humanos denominaron a la movilización la “Revolución del Jazmín” – por el té al que se agregan flores de esa planta –en el sector de las plantaciones de India, que todavía padece las secuelas de la época colonial.
Sahadevan, un conocido activista de Kerala, dijo a IPS que se está formando una nueva tendencia entre las mujeres, que reclaman mejores salarios y buscan asegurar otros derechos de las trabajadoras.
“En los últimos tiempos hubo una serie de huelgas lideradas por mujeres. Los sindicatos establecidos no tuvieron que ver. La mayoría de estas luchas tuvieron éxito aplicando estrategias de movilización innovadoras y con apoyo externo de los círculos sindicales tradicionales. Las mujeres están perdiendo la fe en los dirigentes sindicales patrocinados por los partidos políticos”, aseguró.
Los investigadores en estudios de género dicen que la rebelión de las trabajadoras debe estudiarse junto con la condición de la mujer en Kerala, donde los índices de desarrollo, como la alfabetización, son muy altos en comparación con otras partes del país.
Sreelekha Nair, una investigadora de estudios de la mujer en Thiruvananthapuram, opinó que la huelga de las trabajadoras del té es una lucha histórica que debe ser reconocida por su aspecto de género.
“La insurrección es apenas un indicio de la fuerza de trabajo femenina apropiándose de la lucha por sus derechos. Es cierto que existe un espacio en Kerala para que la fuerza de trabajo unida entre en huelga. Este espacio fue creado por la cultura sindical establecida y por una especie de visión progresista hacia los trabajadores”, comentó.
“Y cuando este espacio es reclamado por un grupo (de mujeres), resulta ser un shock para el régimen y los dispositivos existentes que se ocupan de las huelgas. Esa es la razón por la cual… el gobierno tiene que ir a toda marcha para encontrar una manera nueva de lidiar” con el fenómeno, explicó Nair.
Desde Nueva Delhi, los observadores comentan que la inédita rebelión femenina en Munnar ha desconcertado a los sindicatos y a los expertos en gestión de todo el país, y despertó gran interés en los trabajadores del té de los estados de Assam, Bengala Occidental, Tamil Nadu y Karnataka.
Siva Prasad, un experto en leyes laborales, dijo que los sindicatos establecidos en el país son dirigidos por hombres que no velan por las mujeres trabajadoras, estén en sectores sindicalizados o no.
“Los trabajadores no sindicalizados reciben bajos salarios y trabajan en condiciones deplorables. La lección que nos enseña la huelga (de Munnar) es que la lucha unida por los derechos beneficiará a las mujeres en general, y que no será fácil que las trabajadoras sean engañadas por los dirigentes sindicales con respaldo político”, vaticinó.

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